Las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) se han convertido en algo habitual en nuestra vida y los niños/as conviven con ellas desde que nacen (nativos digitales) por lo que pronto se convierten en algo natural en sus vidas. Debido a la influencia que estos avances ejercen en los menores la familia no queda ajena a estas transformaciones y a muchos progenitores les provoca una sensación de vértigo, desconocimiento, impotencia e incertidumbre en su vida cotidiana.
Regular y conocer el uso de las TIC es una experiencia a la que se enfrentan diversos miembros de las familias, que repercute en las relaciones familiares y en el papel que cada uno desempeña en las mismas. La familia y la escuela se configuran como los espacios prioritarios para la adquisición de pautas y criterios sobre el uso de las TIC. Por eso, los padres y madres deben enseñar a sus hijos e hijas a aprovechas las posibilidades de estos sistemas y hacer un buen uso de los mimos.
Por ejemplo, Internet es una de las fuentes que genera a las familias más dudas ya que puede llegar a ser un recurso comprometido si los menores acceden a la red sin una supervisión y un asesoramiento adecuados.
Considero que es necesario crear una red segura, con contenidos específicos y puertas para cerrar el acceso a contenidos inadecuados. Pero, como estos programas pueden fallar, los expertos recomiendan a los padres y madres educar e informar a sus hijos e hijas acerca de su correcto uso. Para ello es necesario que las familias comprendan que la red puede entrañar los mismos peligros que la calle y, por eso, no deben dejar a los menores navegando solos. Las familias pueden acceder a cursos de formación específica en los centros, las AMPAS o ayuntamientos, lo que les ayudará a sentirse más seguras en el uso de las nuevas tecnologías.
Por último, me gustaría citar un aspecto de la lectura La participación de las familias en las escuelas TIC: análisis y reflexiones educativas (MºCarmen Aguilar Ramos) relacionado con el contenido comentado. La autora nos presenta las “comunidades de aprendizaje”: modelo educativo originado en una escuela de personas adultas (barrio obrero de Barcelona, 1978). Se trata de un proyecto realizado a partir de las contribuciones de familiares, profesorado, voluntarios...Entre estas comunidades de aprendizaje la autora cita el colegio CEIP Adriano del Valle, entre otros, en el que se siguen los principios de diálogo, comunicación y consenso igualitario para integrarse en su entorno. En esta comunidad, están todos de acuerdo en la importancia que la familia tiene en el desarrollo de los niños/as. Por eso, se tiene en cuenta su formación y éstas pueden expresar sus necesidades formativas a través de comisiones. Las familias se implican en este centro y se ha logrado el éxito de un “taller de Informática para las familias” entre otros talleres. Es un ejemplo de una experiencia educativa rica e interesante que responde a una de las necesidades sociales más importantes de hoy en días: educar de manera crítica y efectiva en y con las TIC logrando la participación de toda la comunidad educativa.
Pilar Guiscafré Ferrer.
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